
¡No! Hasta esbozar la eliminación de cada elemento que produce algún tipo de vibración o sonido me resulta complejo. No puedo quitar el tic-tac de mi reloj mientras marca la hora permitiéndome no llegar tarde a estudiar. No puedo desvanecer el canto del ruiseñor que se haya en mi cuarto tambaleándose y cantando para agradecer al Sol el calor que éste le otorga. Vamos, ¡qué grosería!. No puedo parar los latidos de mi corazón cuando me hallo en la cama a punto de acostarme, moriría. Por muy innecesario que parezca, todo se ha vuelto necesario.
Y es que como dijo el filósofo Marx, parece que me he alienado.
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Foto de Álvaro, Moabdib.